Sofía
La cena era exactamente a las siete.
No más o menos a las siete. No cuando me apetecía. Cuando entré en el comedor, todo estaba listo. Los platos estaban dispuestos con precisión quirúrgica, las copas llenas, el aire cargado de una silenciosa preparación que dejaba claro que yo era el único elemento impredecible en la sala.
Él ya estaba allí.
Dante estaba sentado a la cabecera de la larga mesa, con la atención fija en la comida que tenía delante. Me quedé un momento en la entrada, dejando