Cuando Cristina se despertó a la mañana siguiente, descubrió que Paolo había desaparecido otra vez.
Se frotó los ojos con decepción y se levantó. Al notar las marcas rojizas que cubrían su cuerpo, evidencia de lo que había pasado la noche anterior, escondió la cara entre las sábanas, avergonzada.
Tardó un buen rato en bajar de la cama con pereza. Entonces vio a Toto acurrucado en el sofá junto a la cama. La miraba fijamente con sus ojos redondos, sin parpadear.
Cristina cerró los ojos, sintiénd