Al quedarse sola en la inmensa recámara, Cristina resintió la ausencia de Paolo. Toto, desparramado en el sofá, dejó escapar un maullido quejumbroso mientras sus ojos azules enviaban una clara señal de hambre.
Cristina se acercó para cargarlo y bajó las escaleras. En cuanto tocaron el piso de la planta baja, el animal corrió hacia su cama y comenzó a dar vueltas alrededor de su plato vacío, maullando a todo pulmón.
Sofía acudió al escuchar el alboroto. Al ver a Cristina observando al gato con a