Cristina se estremeció de pies a cabeza. Tragó saliva con dificultad y su voz salió como un ruego.
—Le juro que todavía me duele. Cuando se me pase... entonces sí... hacemos... eso, ¿le parece?
Paolo sonrió al verla temblar. Logró contenerse y le dio una suave palmada en el trasero.
—De acuerdo. En cuanto te recuperes, ya me encargaré de ti.
Cristina soltó un profundo suspiro y asintió con energía.
Él la ayudó a sentarse en la cama, apartando las sábanas. Sacó una gelatina de frutas, rasgó la t