—¿Llamar a la policía? Adelante, hazlo. Pero en el momento en que marques el número, tu hermana muere.
Una chispa de malicia brilló en la mirada de Gabriella, y una sonrisa altanera se dibujó en sus labios.
El brazo de Stella, que ya sostenía el celular, se quedó suspendido en el aire. Con una mueca de amargura, se dio cuenta de que no era tan ingenua como para apostar la vida de su hermana. Cambiando de estrategia, se acercó a su suegra y se dejó caer de rodillas a sus pies. Tragó saliva con d