Paolo estaba sentado en el sofá de la sala de Susan. Sacó un cigarrillo y lo encendió.
—Dame uno. —Genaro salió molesto de la habitación, tomó sin permiso la cajetilla de Paolo de la mesa, sacó un cigarro y lo encendió con práctica.
—¿Desde cuándo fumas? —preguntó Paolo alzando una ceja.
—¡Qué te importa! —respondió Genaro con frialdad, dando una calada.
—Está bien, si no quieres que me importe, entonces no te ayudaré —se rio Paolo por lo bajo.
—¿Necesito tu ayuda? —Genaro arrugó la frente con