Las risas de Cristina no cesaron, atrayendo la atención de muchos sirvientes.
Las empleadas domésticas no podían evitar mirarlos de reojo y comentar entre susurros.
¿Cuándo había estado tan animada aquella casa, siempre tan silenciosa y desangelada? ¿Cuánto tiempo hacía que el señor no se reía con tantas ganas?
Sin embargo, lo que más intrigaba al personal era la identidad de aquella chica. ¿Quién era ella para derrotar de un solo golpe a la prometida que el señor había añorado durante tres año