Cristina se quedó sin insultos.
—¿Vas a seguir insultándome?
Paolo se tumbó en la cama, encendió un cigarrillo y dio una calada.
—Sigue insultando. Mientras más lo hagas, más ganas me dan de cogerte.
Había algo de despecho en sus palabras. A veces, un poco de lenguaje sucio aviva la llama. Además, la resistencia de ella despertaba su instinto de conquista. Por eso no era buena idea pelear con un hombre a punto de perder la razón, especialmente uno como Paolo. Cristina estaba destinada a perder.