Cristina le echó una mirada fulminante.
—¿De qué ambigüedad hablas? ¡Ten un poco de respeto cuando hables de Ciro!
—Yo hablo como se me da la gana. ¿Por qué tiene derecho a abrazarte y tomarte de la mano? ¡Eres mía! ¡Grábatelo bien, desde los doce años me perteneces! ¡No importa cuánto tiempo pase, sigues siendo solo mía! —exclamó Paolo con agitación, mientras le apretaba el brazo con fuerza.
Ella se puso rígida por el dolor. Al escuchar esas palabras tan descontroladas, sintió un dolor en el p