Él la sostuvo con firmeza mientras caminaba hacia la entrada del supermercado.
—¡Sinvergüenza! —Hizo una mueca y giró la cara, apretando los dientes.
—Qué modales. Deberías agradecerme. Si no fuera por mí, no irías tan cómoda aquí arriba. —Paolo la estrechó con fuerza, sintiéndose feliz.
—¡Tú fuiste el que me cargó, no me gusta! Bájame, todo el mundo nos está viendo.
Cristina echó un vistazo rápido y notó que varias parejas coreanas los miraban con curiosidad. Escondió la cara en el pecho de él