Cristina se sobresaltó y lo miró con fastidio.
—¡Es estilista! ¿Qué intenciones va a tener? Señor, no se imagine cosas.
—¿Que me imagino cosas? —replicó él con seriedad—. Eres muy ingenua, no sabes lo retorcida que puede ser la gente.
—Pero me lo presentó Susan. Además, fue el maquillista principal en el desfile de modas de su empresa —se defendió ella, pensando que estaba exagerando.
—Ah… con que él es el maquillista tan bueno del que hablaba Susan… —murmuró Paolo, y una sonrisa pensativa se d