Al día siguiente Rosseta despertó tras sentir que acariciaban su rostro, abrió los ojos y observó a Albuz abrazarla. Habían decidido dormir juntos en la habitación de Rosseta, eran marido y mujer, no había nada de malo en eso, lo malo era no estar con ella como él hubiera querido por una semana completa.
- Bienvenida a la vida, Ross. - dijo Albuz cuando ella abrió sus ojos.
- Buenos días, Albuz. - respondió Rosseta y guió sus yemas de las manos para tocar el rostro de su esposo. Tenía una peq