MASSIMO
El saco cruje cada vez que mis puños lo golpean. No es solo dolor lo que siento. Es impotencia. Es rabia. Es esa maldita presión constante en el pecho que no se va aunque haya dejado de sangrar.
Mis nudillos vibran. No debería estar entrenando todavía porque mis costillas aún no terminan de sanar. Mi respiración arde cada vez que lanzo un golpe, pero no pienso detenerme. No puedo.
El sudor me corre por la espalda, empapándome la camiseta, pero ni siquiera lo determino.
Estoy cansado de