Ángel acarició las mejillas de Amelia con suavidad sin dejar de mirarla a los ojos ni siquiera por un momento. Los dos estaban perdidos en su propio mundo donde solo existían los dos y cuanto le gustaba estar ahí donde sus ojos solo puedan verse el uno al otro. Sin embargo, la realidad golpeó sobre ellos cuando el celular de Amelia comenzó a sonar sacándolos del lugar maravilloso donde estaban sumergidos.
-Lo lo siento – gagueó Amelia – tengo que responder – dijo ella al percatarse que se trata