Mundo ficciónIniciar sesiónA la misma hora que Samantha oraba en la iglesia por un milagro, Vlad iba camino a una desarmaduría de autos.
—Amo Vlad, no era necesario que viniera, yo podía confirmarlo —dijo el conductor, estacionando el vehículo junto a la caseta del vigilante.
—Debo verlo con mis propios ojos, Markus.
El vigilante los guio por entre las pilas de autos inservibles y herrumbrosos. Olía a metal y a aceite viejo. El viento que se colaba por entre







