Como de costumbre, Brown pidió a uno de los meseros que descargara las cosas de su coche.
Esa vez eran bolsas llenas de chips de plátano que había comprado en un puesto al borde de la carretera.
El personal lo miró con gratitud… aunque aquella gratitud pronto se convirtió en puro asombro.
Y claro, todo se debía a la mujer que caminaba junto al asistente Brown, a quien él guiaba con una delicadeza que nadie creía posible en ese hombre.
Los empleados empezaron a murmurar entre ellos, preguntándos