El asistente Brown era un hombre que siempre hacía todo por sí mismo. Había crecido así, y se sentía orgulloso de todo lo que había logrado. Todo lo que pasaba por sus manos debía hacerse a la perfección. Exigía perfección, sobre todo cuando se trataba de cualquier cosa que el señor Alexander quisiera.
Kylie miró al hombre que aún tenía la cabeza apoyada en su hombro y recostó la suya sobre la de él. Estaba segura de que, en algún rincón del corazón de ese hombre, existía una parte que también