Esas palabras de su madre dejaron a Kylie atónita.
‘¿Así que ya lo ha perdonado… y nos ha dado su bendición?’ pensó Kylie, sintiendo un nudo en la garganta. ‘Al final se ablandó. Sabía que mamá no se mantendría terca para siempre.’
—¡Entonces díselo, mamá! —exclamó Kylie, alzando la voz—. ¡Dile que a ti también te gusta!
—¿Decirle qué? —murmuró su madre, sonrojándose a pesar de sí misma—. Está bien… está bien. La próxima vez lo saludaré como se debe. Y le diré que no traiga nada más.
Kylie solt