Solo tuvo que esperar a que el hombre avanzara, la letra E, estuvo a punto de llegar donde Seyra, quien saltó, impidiendo el ataque del cuchillo del hombre por sus piernas y haciéndolo voltear golpeándolo por su cara, y fue cuando él levantó sus manos para protegerse que ella incrustó la daga persa en su corazón y le hizo una llave donde él terminó en el suelo boca abajo con la punta de la daga saliendo por su espalda.
—Todo cae donde debe caer —susurró volteándose a mirar a sus nuevos súbditos