Bajamos de las motos frente a la playa, el sonido de las olas estaban llenando el silencio entre nosotros. Me quito los zapatos y dejo que mis pies se hundan en la arena fría, esa sensación helada que, por alguna razón, siempre logra calmarme. Respiro profundo mientras camino hasta la orilla, permitiendo que el agua moje mis pies. A mi lado, el puberto sigue mi ritmo, sin decir nada.
Silencio.
Es raro.
Él nunca se calla.
Pero por alguna razón, este silencio no es incómodo. No es el tipo de silen