''No creo en el amor imposible, por que sinceramente creo imposible dejar de amarte"
—No— dije, seria, de brazos cruzados, mirando al ruso, con una mezcla de cansancio y frustración.
Llevaba ya dos meses aquí, y en todo ese tiempo, había tenido que soportar sus bromas, su insistencia y, sobre todo, esa actitud de no rendirse nunca. Pero lo peor había sido cuando el ruso regresó de la isla. Al verme, se desmayó en los brazos de una chica, quien, para mi sorpresa, resultó ser su novia. Fue un esp