—¿Qué quieres comer mañana?
¿Mañana? ¿Acaso vendría otra vez?
—Ya me las arreglo sola, tengo empleada doméstica.
Eduardo sacó un cigarrillo con calma y repitió, sin aceptar evasivas:
—Te preguntéqué vas a comer mañana?
Esa manera tan autoritaria, pero casi infantil, hizo que a Valeria le dieran ganas de reír.
—Pescado, entonces.
Eduardo se levantó y se fue caminando tranquilamente, sin prisa, hasta desaparecer en la noche. Después de todo , ella era una mujer y no sería apropiado quedarse .
***