Capítulo 94
Los ojos de Valeria se llenaron de lágrimas.

Eduardo frunció el ceño:

—No llores.

Valeria se apresuró a contener las lágrimas. Además, no podía permitirse alterarse mientras se recuperaba.

Intentó sonreír:

—¿Aún no han cenado? Vengan a probar lo que preparé.

Sofía parpadeó y le dijo educadamente a Eduardo:

—Gracias por todo el trabajo, tío.

Santiago agregó:

—Gracias, tío.

Eduardo sonrió levemente:

—De nada.

En el comedor, los niños comían tranquilos y contentos. Con mamá ahí, todo estaba bien.
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