Valeria asintió y se devoró como cinco pedazos de carne seguidos.
—Está buenísima. ¿La hizo el chef de acá?
—Sí. Si te gusta, llévate toda.
—¿No hay problema?
Eduardo la miró de reojo.
—Tu hermano viene aquí como si fuera su casa, toma lo que quiere. Tú igual.
Vicente irrumpió con cara de pocos amigos, clavando la mirada en Valeria como si quisiera explotar, mientras Eduardo siguió sentado sin inmutarse.
Se hizo un silencio incómodo que se sintió eterno.
Vicente apoyó una mano en el borde alto d