Raúl la quería demasiado como para mentirle de esa manera.
Al escucharlo, Valeria se echó a reír. ¿Cómo podía Sebastián ser tan egoísta?
—Gracias, Raúl.
—No hay de qué, señora. No se ponga triste.
—Quiero pedirle un favor.
—Para lo que necesite, aquí estoy. Nomás dígame.
Valeria guardó silencio un momento.
—Ayúdeme a tomar algunas fotos de él con Carolina, cuando estén juntos.
Sebastián seguía actuando así, descaradamente y sin vergüenza alguna. Claro que no se iba a quedar de brazos cruzados.