Cuando Valeria entró en la casa de Eduardo, sintió una opresión en el pecho. Aunque intentaba no pensar en Sebastián, las escenas hirientes volvían a aparecer en su mente, una tras otra, sin poder evitarlas.
Eduardo ordenó que le arreglaran una habitación y luego despidió a todo el servicio doméstico.
—Eduardo, ¿no tendrás algo para tomar? —preguntó Valeria desde el centro de la sala.
Eduardo apareció en pantuflas. Era un hombre imponente, bastante más alto que Vicente. Debía medir cerca del met