Carolina recorrió la casa al entrar. Habría que renovar todo este mobiliario.
—Señorita, ¿no va a acompañar un rato con los niños? —se acercó Rosa.
Carolina negó con la cabeza y se acomodó despacio.
—No es necesario, ya están grandecitos para entretenerse solos. Además, soy quien los trajo al mundo, tarde o temprano tendrán que reconocerme.
—Prepara algo de comida, se la llevaré a Sebastián.
Rosa asintió.
—Entendido.
***
Esa tarde, a las tres en punto, Carolina llegó a la empresa con la comida