Mónica negó apresuradamente con la cabeza:
—Pensé que estarías ocupado con el trabajo.
Algo tan trivial como ir a recoger a alguien al aeropuerto, incluso si lo recordaba, como mucho habría enviado a su secretaria para hacerlo en su lugar.
Pero de verdad, él había venido en persona.
El corazón de Mónica latía con fuerza.
A su lado, Carolina ya se había detenido, y Sebastián, que había viajado en clase económica, se acercaba lentamente.
Ambos se quedaron parados a cierta distancia, observando en