Los ojos de Valeria brillaban.
—La vida es muy larga, ¿quién puede estar seguro del futuro?
Eduardo solo la miraba sonriendo.
—Eduardo, ¿estarías de acuerdo si en el futuro no quisiera tener hijos? —preguntó Valeria.
Eduardo sonrió con dulzura.
—Sí.
Valeria se sorprendió ligeramente.
—Eres el único hijo de la familia. Si no tienes descendencia, entonces...
—Si tú no quieres, no los tengamos. ¿Para qué considerar eso?
Valeria, con las manos tras la espalda, se dirigió al sofá frente a la ventana,