Él pensó que podía permitirle a Valeria tener sus emociones.
Si hoy ella cedía un poco y pedía disculpas, esa bofetada quedaría enterrada para siempre.
Pero Valeria los miraba con sarcasmo, observando cada cara servil y oportunista.
El desdén en sus ojos no tenía nada de escondido.
Lisa lo notó.
—¿Qué mirada es esa? ¿Será que menosprecias a nuestra familia Jiménez?
En ese momento, Raúl miró hacia la puerta.
—Disculpen, ¿ustedes son...?
Hasta ahora, todos hablaban a la vez y no se habían dado cue