—Hola, señoras —saludó Eduardo con una leve inclinación de cabeza.
La sonrisa de Noa se tornó un tanto rígida.
—Eduardo, hace tiempo que oímos hablar de ti. En persona eres aún más impresionante. Confiamos mucho en ti. Solo te pedimos que, si algún día te enfadas o tienes un mal momento, no llegues a reprocharle a Valeria su pasado... el haber estado casada antes. Eso sí que sería muy doloroso.
Su voz no se molestó en bajar el volumen, y todos alrededor pudieron oírlo con claridad.
Carmen habrí