—¿De verdad que no? —Carmen entrecerró los ojos.
—¡Absolutamente! —Vicente levantó una mano como juramento.
Carmen puso las manos en la cintura y señaló alternativamente a su hijo y a su hija.
—Ustedes dos...
Eduardo, atrapado entre los dos hermanos Herrera, parpadeó.
Carmen hizo una pausa.
—Eduardo, tú mejor siéntate al lado de Carlos.
Eduardo miró a Valeria y luego se movió con discreción a otro asiento.
Los hermanos Herrera se sentaron muy rectos, en posición formal.
Carmen desplegó toda la