—Si ya le destapé todo lo que realmente es, ¿para qué me buscaría? —comentó Isabella.
Vicente, tal vez por la resaca, procesaba las cosas lentamente.
—¿Qué?
Isabella comenzó a contar con los dedos.
—Su verdadero rostro desagradable, lo oscura que es por dentro y lo retorcida que puede llegar a ser.
Vicente se quedó pasmado.
—¿Se lo dijiste así, directamente?
—¿Y si no? ¿Acaso tenía que andarme con rodeos? —Isabella parecía genuinamente desconcertada— No voy a ser su amiga, ¿para qué iba a agu