La amargura de esa caída en desgracia envolvió casi por completo a Mónica, haciéndola sentir una fuerte sensación de asfixia.
Durante toda su vida, ella había sido la que brillaba. Incluso con Valeria presente, siempre había podido mantenerse a la par.
Sus amigas, los mayores que la conocían, incluso comerciantes e invitados de otras ciudades o del extranjero, todos la elogiaban, la admiraban.
Se había esforzado al máximo, estudiado, enriquecido, todo para estar a la altura de esos elogios que