Sus miradas se encontraron, entrelazándose, entre frías y ardientes, como si despertaran destellos de luz.
Valeria soltó la barbilla y, en cambio, rodeó su cuello con los brazos. Su aliento acarició su oreja.
—Nunca he creído que renunciar a los padres sea una muestra de lealtad en el amor. También puede ser un impulso, una estupidez. Así que no te preocupes. No convertiré los problemas entre tus padres en un conflicto nuestro.
—Si quieres estar conmigo, entonces te acompañaré. Si sientes que h