Los periodistas, tras borrar las fotos recién tomadas y mostrárselas a los guardaespaldas de aspecto feroz, agarraron su equipo y huyeron a toda prisa.
Mónica se acercó lentamente.
En sus ojos se reflejaba con claridad el rostro de Eduardo.
Siempre que lo veía, seguía siendo el tipo de hombre que más se ajustaba a sus gustos.
Solo que ahora, la mirada que él le dirigía ya no tenía la suavidad de antes.
En la habitación, la forma tierna y protectora en que había cuidado a Valeria, tan reconfortan