Sebastián no pensó mucho más. A la mañana siguiente, temprano, llevó a los dos niños a donde estaba Mónica.
Ella los miró con una sonrisa profunda, más suave de lo habitual.
—Tranquilo. Yo me hago responsable de que lleguen sin un rasguño ante Valeria.
Sebastián miró a sus hijos.
—¿Recuerdan lo que dijo papá?
Sofía asintió, sonriendo.
—Sí, papá. Seremos obedientes con mamá y portarnos bien con los abuelos.
Sebastián no pudo evitar abrazar a su hija.
—Sean buenos. Papá mandará a alguien a recoge