—¿Qué es eso?
Durante la cena nocturna, Valeria vio algo a lo lejos.
—¿Un puente colgante?
—Claro. La gente salta por un subidón de adrenalina —Eduardo la miró con una sonrisa irónica—. ¿Te atreverías?
Algunos ricos, aburridos de la vida ordinaria y ya cansados del puenting, habían creado este salto desde el puente colgante.
Era, según decían en la isla, la atracción más solicitada por los turistas.
—Está muy alto, me da cosa —el largo cabello de Valeria jugaba con el viento de la noche.
Eduard