De acuerdo con la posición de Eduardo, debería haber estado en la misma mesa que el Señor Lozano.
Pero en ese momento, sin importar su estatus, eligió acompañar a Valeria en su mesa, conversando en voz baja con ella, mostrando una cercanía evidente.
—No estás gorda —Eduardo le sirvió algo de comida—. Estás tan delgada que parece que solo te quedan los huesos, ¿dónde ves grasa?
Estas palabras, apenas audibles, llegaron a los oídos de Mónica.
Las manos con las que sostenía los cubiertos comenzar