Al notar la expresión de la Señora Castro, Sebastián se limpió la sangre de la comisura de los labios y soltó una risa fría:
—Todos son personas de renombre. Si se están usando mutuamente, ¿por qué mostrarlo? ¿No sería mejor arreglarlo en privado?
—Valeria, a mí no me importa lo que haya entre tú y Eduardo, ni te lo voy a cuestionar. Pero algunos límites no deben cruzarse. ¿Acaso quieres que todos piensen que Eduardo es solo un sustituto mío?
Al escuchar estas palabras, las expresiones de los Ca