—¡Así es! —Lautaro señaló a Sebastián, sangrando por la nariz y la boca— ¡La sociedad bajo el estado de derecho es lo que te salvó!
—Puede que no muera, pero se le puede condenar.
Al oír esa voz, todos miraron.
Un vehículo militar se había estacionado cerca.
Pablo Herrera bajó del coche; la presencia de un militar no era algo que cualquiera pudiera desafiar.
Miró a Sebastián.
—Traicionar y deshonrar públicamente al heredero directo de un héroe condecorado... ¿Pensaste acaso en las consecuencia