Carlos continuó:
—Dado que mi hija no se quejó, tú tampoco tienes derecho a quejarte. Así que perder tus bienes, tu matrimonio y tu reputación… es exactamente lo que mereces.
Ahora, en el exterior, todos señalaban a Sebastián.
Decían que dependía de la familia de su esposa, que era un desvergonzado que había sido infiel, que había defraudado la confianza y el apoyo de Carlos, que era un incapaz sin remedio.
Comentarios como esos eran incontables.
En cambio, hacia Valeria solo había compasión