Un atisbo de ternura cruzó la mirada de Carlos.
¡Su preciosa hija, solo con alguien como Eduardo, era una pareja digna!
No habían venido a regañarla, sino con la esperanza de verla bien.
Aunque Eduardo realmente quería casarse con su hija, no sería tan fácil.
Vicente los reprochó:
—¿En serio… no podían haberme avisado?
Eduardo llevó a Valeria a su lado derecho y preguntó:
—¿Avisar de qué?
—Tú… —Vicente continuó—. ¿No se han dado cuenta de que hay periodistas afuera?
¿Periodistas? Eduardo no ha