Valeria, aunque no conocía al brujo, pudo intuir algo por su forma de vestir.
—¿Un año, y qué pasa? —preguntó.
Carolina se sorprendió.
—¿Así que tú, Valeria, eres la persona...?
Luego miró a Sebastián.
—Sebastián, esto...
Valeria no se quedó ahí y se dirigió a la cocina.
Se movía como una extraña, iba y venía subiendo las escaleras.
—¡Ding dong! —sonó el timbre.
Carolina fue a abrir la puerta, sorprendida.
—¿Abuela?
La abuela María fue empujada en su silla de ruedas, mostrando preocupación,
—¿Có