Al ver a su hermano con la cabeza ensangrentada y la pierna en una posición antinatural, Sofía se deshizo en un llanto desgarrador. La profesora tardó mucho en lograr calmarla un poco.
Sebastián abrazó a su hija con fuerza.
—Tranquila, tranquila. Papá no va a permitir que a Santiago le pase nada. No llores más, ¿vale?
Sofía asintió entre lágrimas; su carita era pura desesperación.
—Pero... pero Santiago sigue sin despertar...
—Se despertará. Los médicos ya lo están operando.
Según los médicos,