—No es exactamente así —rectificó Carolina con rapidez—. En realidad, su matrimonio ya venía mal desde hacía tiempo. El divorcio era inevitable. Al fin y al cabo, ¿quién podría tolerar que una extraña les llene la cabeza a sus hijos con malas ideas?
Con esas palabras, Carolina borraba de un plumazo toda la dedicación y el esfuerzo que Valeria había invertido en los niños.
Al fin y al cabo, Isabella no conocía a Valeria. Probablemente creería cualquier cosa que ella le contara.
—Ya veo —murmuró I