—¿Mónica?
La mirada de Álvaro recorrió el área y se posó en su prima, sentada bajo la sombrilla, serena y luminosa, como una flor blanca que no necesita competir para ser vista.
Siempre había creído que Mónica merecía todas las cosas buenas que el mundo pudiera ofrecer.
Mónica se levantó y se acercó a él.
—Álvaro, ¿también viniste?
—Sí, atendiendo a unos invitados —respondió Álvaro, sin la más mínima intención de que Sebastián se acercara a ella. Después de todo, ella era muy cercana a Valeria.