—¿Para qué necesitas 50 millones? —preguntó Sebastián, frunciendo el ceño.
Desde los incidentes en Valparaíso que habían causado cuantiosas pérdidas a Corporativo Jiménez, sus reservas personales se habían reducido a la mitad. Luego, tras mudarse a la Capital, había invertido otra parte considerable en la villa y en costosas actividades de networking.
No es que estuviera corto de dinero, pero gastar 50 millones solo para una reunión social le parecía absurdo.
Carolina lo justificó punto por punt