—Valeria, nos vamos también —Carmen se levantó.
La mirada de Sebastián siguió a ellas.
—Valeria, tú...
Ella ni siquiera lo miró.
—¿Quieren ir a casa de mamá a jugar?
Sofía y Santiago tomaron su mano al instante.
—¡Sí, mamá!
Valeria no necesitaba el permiso de Sebastián.
Mientras no estuvieran legalmente divorciados, tenía todo el derecho a llevárselos.
Él, por supuesto, no se interpondría.
Cuando volvieran, podría sonsacarles información sobre la familia Herrera.
La Señora Sánchez estaba furi