—¡Trasládeme de hospital! —gritó Sebastián de inmediato—. ¡Ahora mismo! ¡A Valparaíso!
Ricardo frunció el ceño.
—Ya todo está listo para operarte. ¿A qué ir a Valparaíso? ¿Llegarás a tiempo? ¿Quieres perder la pierna?
Sebastián clavó la mirada en Valeria.
—¡Mejor perder una pierna que morir!
¡Ni loco iba a creer que su accidente, justo después de salir de la mansión Herrera, fuera pura casualidad!
—¡Deben trasladarme! —insistió, y el hospital no pudo negarse.
Al salir, Valeria pasó junto a su